Los años no pasan en vano. Conforme envejecemos, nuestro cuerpo comienza a deteriorarse, y con ello las funciones de nuestros órganos comienzan a fallar.

beto-pichardoc Por: Roberto Pichardo


Esto es perfectamente natural, por lo que no es necesario alarmarse. Lo que sí es recomendable es conocer los orígenes de estos deterioros y, más importante aún, aprender a tratarlos adecuadamente, tanto si la afección se da en uno mismo o en alguien cercano a nosotros.

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El Alzheimer es una de las enfermedades más comunes en la vejez. En el año 2016, se estimó que aproximadamente 5.6 millones de estadounidenses padecían este trastorno, el cuál es directamente asociado con la demencia.

Por demencia se entiende “la pérdida de memoria y de otras habilidades intelectuales.”

Esta enfermedad imposibilita al aquejado de llevar a cabo sus actividades cotidianas. Dependiendo del grado de afección, puede recluirles en sus hogares por la incapacidad de relacionarse con otros, por lo que la enfermedad, de hecho, repercute también a familiares y amigos de la persona.

Algunos de los síntomas son: “confusión, desorientación en lugares conocidos, colocación de objetos fuera de lugar, y problemas con el habla y la escritura.” La pérdida de memoria se presenta de forma gradual, por lo que puede ser prevenida. No obstante, esto conlleva un inminente sufrimiento en el sujeto, que puede conducir a depresión y problemas cardiovasculares propios de la misma.

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Es importante señalar que, según diversos estudios, se ha relacionado al Alzheimer con la diabetes tipo dos y algunas otras enfermedades crónicas comunes en México. Se puede entender que existe una estrecha conexión entre los factores de riesgo del Alzheimer y el otras afectaciones degenerativas. Por esto, es importante crear conciencia sobre los hábitos de salud desde temprana edad para, de ese modo, evitar uno o varios padecimientos difíciles de tratar.